La trampa del GNL: la carrera del gas socava promesas climáticas 2026

La carrera global por GNL tras el corte de gas ruso amenaza los objetivos climáticos. US$394 mil millones en infraestructura arriesgan activos varados para 2035. Análisis de la tensión entre seguridad energética y cero emisiones netas.

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La carrera mundial por el gas natural licuado (GNL) tras el cese del gasoducto ruso a través de Ucrania el 1 de enero de 2025 está impulsando una ola de inversiones en infraestructura que amenaza con afianzar décadas de dependencia de combustibles fósiles. Esto contradice directamente los compromisos de cero emisiones netas asumidos bajo el Acuerdo de París. Mientras la UE, Japón y economías emergentes como India y Vietnam se apresuran a asegurar suministros alternativos de gas, 2026 se ha convertido en un año crucial para decisiones finales de inversión en terminales de GNL, unidades flotantes de almacenamiento y regasificación (FSRU) y contratos de suministro a largo plazo. Este artículo explora la tensión estratégica entre seguridad energética y objetivos climáticos, preguntando si la expansión actual del GNL creará una crisis de activos varados para 2035.

Contexto: La reconfiguración tras el gas ruso

La invasión rusa de Ucrania en 2022 provocó una crisis energética sin precedentes en Europa, llevando a un rápido abandono del gas ruso por gasoducto. Para 2024, el gas ruso representaba menos del 10% de las importaciones de la UE, frente al 40% en 2021. El golpe final llegó el 1 de enero de 2025, cuando Ucrania se negó a renovar el acuerdo de tránsito con Rusia. La pérdida de 15 mil millones de metros cúbicos (bcm) anuales fue manejable en gran medida para la UE-27, que se había diversificado con gas noruego, mayor almacenamiento y una enorme expansión de la capacidad de importación de GNL. Sin embargo, la