Malestar generalizado en Irán por desesperación económica y represión estatal
Irán ha comenzado 2026 con la mayor ola de protestas en años, donde la desesperación económica ha llevado a manifestaciones nacionales que se han extendido a al menos 80 ciudades en las 31 provincias. Lo que comenzó a finales de diciembre de 2025 como comerciantes cerrando sus negocios en el histórico Gran Bazar de Teherán, se ha convertido en un movimiento más amplio contra las penurias económicas, la opresión política y la corrupción sistémica.
La bomba de tiempo económica
El detonante directo del actual malestar es el colapso económico. La moneda iraní, el rial, ha perdido casi la mitad de su valor en solo un año, mientras que la inflación ronda el 40-50% y los precios de los alimentos han subido en algunos casos más del 70%. 'Para los iraníes comunes, esto significa carteras vacías, deudas crecientes y perspectivas que desaparecen,' explica el analista de Oriente Medio David Poort. La crisis económica es el resultado de años de sanciones internacionales, mala gestión estructural y corrupción que han erosionado la economía iraní.
Según informes de DW, la inflación iraní alcanzó el 42,4% en 2025 y se espera que se mantenga por encima del 40% en 2026. La crisis cambiaria ha sido particularmente devastadora, con el rial alcanzando mínimos históricos en el mercado negro.
De quejas económicas a demandas políticas
Aunque las protestas comenzaron con demandas económicas, rápidamente evolucionaron hacia consignas políticas contra el líder supremo Ali Khamenei y, en algunos casos, expresiones de apoyo a Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán. Esto distingue al movimiento actual de olas de protestas anteriores, incluidas las manifestaciones de 2022-2023 tras la muerte de Mahsa Amini, impulsadas principalmente por temas sociales y de derechos de la mujer.
'Lo que vemos es la desesperación económica transformándose en movilización política,' señala la investigadora de derechos humanos Tara Sepehri Far. 'Personas que antes se concentraban solo en sobrevivir, ahora cuestionan todo el sistema que las ha fallado.'
Respuesta estatal brutal y preocupaciones de derechos humanos
La respuesta del gobierno iraní ha sido característicamente dura. Según Human Rights Watch, las fuerzas de seguridad han matado al menos a 27 manifestantes y transeúntes, incluidos niños, utilizando armamento militar, perdigones de metal, gases lacrimógenos y porras contra manifestantes desarmados. El Centro de Derechos Humanos en Irán informa de más de 2.000 arrestos arbitrarios, con fuerzas de seguridad incluso irrumpiendo en hospitales para arrestar a manifestantes heridos.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha expresado su 'profunda tristeza' por la pérdida de vidas y ha instado a las autoridades iraníes a respetar la libertad de expresión y reunión pacífica. Internet está severamente restringido en muchas áreas, dificultando que los manifestantes compartan videos y coordinen actividades.
División interna y futuro incierto
La respuesta gubernamental revela tensiones internas. Mientras el presidente Masoud Pezeshkian ha prometido espacio para la protesta pacífica y anunciado medidas de emergencia, incluyendo subsidios mensuales para millones de iraníes, el líder supremo Khamenei y las fuerzas de seguridad enfatizan que los 'disturbios' serán reprimidos con dureza. 'Este enfoque dual refleja el dilema del régimen,' explica la analista política Sanam Vakil. 'Reconocen que la crisis económica es real, pero temen que cualquier concesión pueda llevar a demandas políticas más amplias.'
Las protestas han disminuido en algunas ciudades pero continúan latentes. Con los precios en aumento y las reformas prometidas sin materializarse, las condiciones fundamentales que llevaron al malestar permanecen sin cambios. Como un residente de Teherán dijo anónimamente a reporteros: 'Susurramos nuestra ira hoy, pero mañana quizás la gritemos. La pregunta no es si protestaremos de nuevo, sino cuándo, y qué tan fuerte nos golpearán cuando lo hagamos.'