Los ingresos energéticos de Rusia se desploman aún más
Los ingresos por petróleo y gas de Rusia cayeron un 50% en enero de 2026, alcanzando la cifra mensual más baja desde julio de 2020. Según datos del Ministerio de Finanzas ruso, Moscú obtuvo solo 393.300 millones de rublos (aproximadamente 4.300 millones de euros) por la venta de combustibles fósiles en enero, en comparación con el mismo período del año anterior. Esta dramática caída supone un duro golpe para la economía de guerra de Rusia, que se ha vuelto cada vez más dependiente de las exportaciones de energía para financiar las operaciones militares en Ucrania.
Una triple amenaza: Precios, descuentos y divisa
La caída de los ingresos se debe a tres factores interrelacionados: los precios mundiales del petróleo más bajos, los descuentos más profundos sobre el petróleo ruso Urals y un rublo sorprendentemente fuerte. Los futuros del crudo Brent han caído un 15% respecto al año pasado, mientras que el petróleo Urals, buque insignia de Rusia, se negocia con un desconcertante descuento de 26 dólares respecto al precio de referencia internacional, más del doble del descuento de hace un año. 'Esta es la tormenta perfecta para el sector energético ruso,' afirma la analista energética María Petrova. 'Reciben menos dinero por barril mientras venden a menos clientes, todo ello mientras su divisa juega en su contra.'
La situación se ha visto agravada por las sanciones estadounidenses que incluyeron en la lista negra en octubre de 2025 a las dos mayores productoras de petróleo de Rusia, Rosneft y Lukoil. Estas medidas han obligado a grandes compradores en China e India a buscar alternativas, lo que ejerce una presión adicional sobre la demanda de petróleo ruso. Según análisis del Departamento del Tesoro de EE.UU., varios tipos clave de petróleo ruso se venden a los precios más bajos en años, con el petróleo de referencia Urals alcanzando los 45,35 dólares por barril en noviembre, su nivel más bajo desde marzo de 2023.
Implicaciones presupuestarias y presión económica
La dependencia de Rusia de los ingresos del petróleo y el gas ha alcanzado un mínimo histórico, representando solo el 23% del presupuesto federal en 2025, el nivel de dependencia de las materias primas más débil en al menos dos décadas. Esto supone un cambio significativo respecto a mediados de la década de 2010, cuando la energía representaba hasta el 50% de los ingresos presupuestarios. 'El Kremlin intenta desesperadamente compensar,' señala el economista Dmitri Volkov. 'Están aumentando los impuestos a hogares y empresas, incluido un aumento del IVA al 22%, para financiar su maquinaria de guerra.'
El déficit presupuestario para 2025 alcanzó los 5,6 billones de rublos (73.400 millones de dólares), con los gastos militares consumiendo un asombroso 40,3% del presupuesto. A pesar del estancamiento económico, con un crecimiento del PIB que cayó a solo el 0,6%, Rusia no muestra signos de avanzar hacia la paz. El Ministerio de Finanzas calculó los ingresos petroleros basándose en un precio promedio del Urals de 39,18 dólares por barril en diciembre, una caída anual del 38% y muy por debajo del supuesto presupuestario del gobierno para 2026 de 59 dólares por barril.
Cambios en el mercado energético global
La caída de los ingresos energéticos rusos refleja cambios más amplios en los mercados energéticos mundiales. Un excedente mundial de crudo, combinado con una mayor producción de otros países productores de petróleo y una creciente adopción de energías renovables, ha presionado los precios a la baja. Mientras tanto, las sanciones occidentales han creado con éxito lo que los expertos energéticos denominan una 'flota fantasma' de petroleros que transportan crudo ruso con descuentos considerables.
'El sector energético ruso se está volviendo cada vez más aislado,' afirma la profesora de relaciones internacionales Elena Sokolova. 'La combinación de techos de precios, sanciones secundarias y cambios en el comportamiento de compra crea desafíos estructurales que persistirán, incluso si termina la guerra.' La situación es particularmente preocupante para Rusia, ya que el petróleo y el gas tradicionalmente contribuyen con aproximadamente una cuarta parte de los ingresos del gobierno, aunque esta proporción ha ido disminuyendo constantemente.
A medida que Rusia entra en 2026 con menores ingresos energéticos y una creciente presión económica, los analistas se preguntan cuánto tiempo podrá el país mantener su actual nivel de gasto militar. Con la inflación que se mantiene alta y la producción civil en declive, los fundamentos económicos del esfuerzo bélico de Rusia parecen volverse cada vez más inestables.
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