Tropas militares tomaron el poder en Guinea-Bisáu, deponiendo al presidente Umaro Sissoco Embaló y suspendiendo el proceso electoral. El golpe ocurrió antes del anuncio de los resultados electorales, siendo el noveno intento de golpe desde la independencia en 1974.
Golpe militar depone al presidente Embaló en Guinea-Bisáu
En un giro dramático, el ejército ha tomado el control de Guinea-Bisáu, deponiendo al presidente Umaro Sissoco Embaló y suspendiendo el proceso electoral. El golpe de estado ocurrió el 26 de noviembre de 2025, apenas un día antes de que la comisión electoral anunciara los resultados preliminares de las elecciones presidenciales del domingo.
Ejército asume el control
El brigadier general Dinis Incanha, jefe de la Oficina Militar de la Presidencia, lideró la toma militar y anunció que las fuerzas armadas habían tomado control total del país. Los oficiales militares establecieron el "Alto Mando Militar para la Restauración de la Seguridad Nacional y el Orden Público" y suspendieron todas las instituciones políticas. "Hemos tomado el control para evitar un plan de políticos y figuras extranjeras para manipular los resultados electorales," declaró un comandante militar durante un anuncio televisivo.
El ejército cerró las fronteras internacionales, impuso un toque de queda y suspendió el proceso electoral indefinidamente. Testigos reportaron disparos continuos cerca de edificios gubernamentales clave, incluyendo el palacio presidencial, la sede de la comisión electoral y el ministerio del Interior, que duraron aproximadamente una hora.
Contexto político y antecedentes
Este marca el noveno golpe de estado o intento en Guinea-Bisáu desde que el país obtuvo su independencia de Portugal en 1974. La nación de África Occidental ha experimentado inestabilidad política persistente a lo largo de su historia, con el último golpe exitoso ocurrido en 2012. La volatilidad política es alimentada por múltiples factores, incluyendo redes de tráfico de drogas, participación militar en política e instituciones democráticas débiles.
El golpe ocurrió en medio de una reñida elección presidencial donde tanto el presidente en ejercicio Embaló como el candidato de oposición Fernando Dias da Costa reclamaron la victoria. La elección ya era controvertida, con Embaló posponiendo repetidamente la fecha de votación del calendario original de septiembre y excluyendo a dos grandes partidos de oposición de participar.
Reacción internacional
La Unión Africana condenó inmediatamente la toma militar y exigió la liberación inmediata del presidente Embaló y todos los funcionarios arrestados. "Esto representa un serio revés para la gobernanza democrática en África Occidental," declaró un portavoz de la UA. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) expresó especial preocupación por el momento y señaló que los observadores acababan de hablar con ambos candidatos presidenciales que les habían asegurado que aceptarían los resultados electorales.
Portugal, la antigua potencia colonial, pidió calma e instó a todas las partes a evitar la violencia. El Ministerio de Asuntos Exteriores portugués enfatizó que "debe restablecerse el funcionamiento normal de las instituciones para que pueda completarse el proceso de conteo de votos y anuncio de resultados electorales."
Implicaciones regionales
El golpe en Guinea-Bisáu representa un nuevo desafío para la estabilidad democrática en África Occidental, una región que ha experimentado múltiples tomas militares en los últimos años. Según analistas regionales, la intervención militar subraya los desafíos persistentes de la consolidación democrática en países con fuertes tradiciones militares e instituciones civiles débiles.
La capital, Bisáu, permaneció mayormente tranquila después del golpe, con soldados patrullando las calles y negocios cerrados. El ejército ha designado al general Horta Nta Na Man como presidente interino, aunque la comunidad internacional no ha reconocido el nuevo régimen militar.
Esta última crisis política en Guinea-Bisáu subraya la naturaleza vulnerable de la democracia en un país que ha luchado con desafíos de gobernanza desde su independencia. La intervención militar amenaza con desestabilizar aún más a una nación que ya enfrenta dificultades económicas y preocupaciones de seguridad persistentes.
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